FALLECIMIENTO

Un año más sin Gilda

Docente, cantante de cumbia.

ESPECTÁCULOS

Un accidente terminó con su vida, con la de su madre, su hija y la de tres músicos en 1996.
Una maestra jardinera de Villa Devoto, en Buenos Aires, Argentina. Empezaba a cantar y a buscar su lugar en el ambiente de la cumbia. Cambió su nombre de Myriam Alejandra Bianchi al de Gilda, nombre artístico que la haría famosa.
Comenzó su carrera de cantante a los 29 años, cuando recién separada de su primera pareja decidió presentarse a una entrevista por un aviso clasificado que buscaba vocalistas para un grupo musical.
Conoció a Juan Carlos «Toti» Giménez, tecladista y compositor que a mediados de 1990 se convirtió en su nueva pareja. Juntos comenzaron un exitoso recorrido maratónico por la canción.
A lo largo de la década, la cantante editó cuatro discos: De corazón a corazón, Corazón herido, Pasito a pasito y Corazón Valiente. Los dos últimos pilares de la popularidad que luego de su muerte llegaría a rincones insospechados.
El último show de Gilda fue en el estudio de Crónica TV. Después, ella y sus músicos subieron a un colectivo que los trasladaría a Chajarí, Entre Ríos. Con la cantante viajaban sus hijos, Fabrizio, en aquel momento de ocho años; y Mariel, de seis. También estaba su madre, Doña Tita.
Se trasladaban en un micro preparado para que puedan descansar durante los trayectos, ya que solían hacer alrededor de quince bailes por semana.
En ese trajín iba Gilda con su familia y sus músicos el 7 de septiembre de 1996 cuando, en el kilómetro 129 de la ruta 12, en Entre Ríos, se cruzaron con el camión de carga que conducía el brasileño Renato Santana.

A la altura de la localidad de Ceibas, el camión mordió la banquina y se cruzó de carril. La trompa chocó el frente del colectivo. Algunos músicos quedaron atrapados entre las camas, tres murieron. La inercia del golpe expulsó a Gilda de la butaca, igual que a su hija y a su madre: sus cuerpos quedaron tendidos cerca de la banquina. Murieron las tres. En el juicio, el camionero se declaró inocente.
Hasta ese momento su popularidad era importante, pero luego del accidente comenzó su tránsito no sólo hacia la fama, sino hacia una adoración casi religiosa.

Muchos seguidores de Gilda comenzaron a dar testimonios sobre milagros y aseguraban que existía una veta carismática en la cantante.
De hecho, en el mismo lugar donde sucedió el choque, los fans de la Gilda hicieron el Santuario de los Milagros. Y allí cada 7 de septiembre se encuentran para recordarla.

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