CUIDADO

Técnica del rinoceronte naranja para no gritarle a los niños

Pensar antes de enfurecernos.

SOCIEDAD

En épocas, en tiempos o situaciones de crisis el grito parece un salida, y muchas veces en la peor reacción que puede tomar un adulto. Los gritos  vuelan por el hogar en forma de pequeñas espinas que se clavan en el corazón de los niños y en el de los padres. Más allá de que la intención es educar, levantar la voz muchas veces termina siendo contraproducente. Desde hace nos años se viene utilizando la técnica del rinoceronte naranja para evitar esos gritos a los pequeños.

A las niñas y niños al igual que los adultos no les gusta que les griten. También tienen días malos y reacciones desmedidas, pero son los adultos, los educadores lo que tienen que tomar el control y de la mejor forma. Para eso se recomienda la técnica del rinoceronte naranja .

Si bien los gritos no dejan secuelas físicas, sí producen daños psicológicos y emocionales. Crecer con un patrón familiar donde los gritos son moneda corriente los hace en muchos casos inseguros, retraídos y acaban creyendo que es la única manera de hacerse valer, sometiendo a otro a gritos.

Tips de la técnica del rinoceronte naranja

  • Distanciarse del problema unos segundos. Cuando estén en discusión con los hijos y tengas muchas ganas de gritarles, debes apartarte unos segundos, salir de la habitación. Mientras te alejas, sacudes el cuerpo (este gesto físico también ayuda a ‘sacudir’ las emociones de rabia e ira).
  • Cerrar los ojos para evadirse. Pensar en un lugar en donde podamos encontrar la paz: una playa, un jardín, una montaña. El objetivo con esto es evadirse de la pelea y relajarse durante ese momento.
  • Ponerse auriculares y escuchar música agradable. En ese momento, cambia el grito por una canción. Esto ayudará a tranquilizarte.
  • No olvidarnos de que son niños, niñas. No debemos ponernos a su nivel. Recordaremos que debemos actuar como adultos, de forma menos visceral.
  • Hablar con voz de robot o de un personaje de película animada. Puede que tengamos ganas de gritar. ¿Y si lo que hacemos es desconcertar por completo a los niños haciéndoles reír antes de explicarles qué están haciendo mal? Con esto, conseguiremos llamar poderosamente su atención, relajar el ambiente y prepararlo para poder explicarles qué deben cambiar de su comportamiento.
  • Correr por la casa. Si lo que necesitas es liberar tensión, nada mejor que una carrera, unos saltos o incluso un baile. El deporte libera endorfinas que contra restarán el ‘enfado’.
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La creadora de esta técnica en su blog ‘The Orange Rhino Challenge’ contó que se puso un reto: dejar de gritar a sus hijos durante 365 días, desafío que cumplió y cambió la relación con sus hijos y mejor la calidad de vida de todos ellos.

Para tener en cuenta

  • Identificar las cosas, actitudes, situaciones, palabras y lugares que nos alteran, de esta manera podemos prevenir el hecho de levantar la voz.
  • Seguir trabajando en aquellas situaciones que nos generen estrés, malestar, ponerles nombres e identificarlas.
  • Tener siempre nuestra meta en mente. Propone para facilitar el recuerdo llevar siempre algo naranja o colocar cosas de ese color por casa.
  • Perseverar en el desafío. Dependiendo del nivel de grito (los gradúa por intensidad) debes iniciar de cero el reto o, por ejemplo, desde el día dos. Sitúa el nivel 4 de tono de voz como el punto límite antes de chillar elevando el nivel 6 al necesario para advertir de un peligro y entendiendo que, a partir del nivel 7, ya tiene intencionalidad dañina y no debiera producirse jamás.

Es clave saber que al no levantar la voz se abre la puerta a que los menores cuenten sus inquietudes, miedos, dudas y desde ahí los padres puedan descubrir y vivir con ellos momentos que se habrían impedido al aparecer los gritos.

Cuando la violencia verbal sobre los niños se vuelve unas constante termina desarrollado diversos problemas de conducta.

Los problemas van desde el aumento de la agresividad, dificultades en el rendimiento escolar, mentiras a los padres , tristeza repentina y depresión.

Gritar a los niños daña su autoestima, dejando una huella imborrable en ellos en una etapa de la vida en la que están construyendo su personalidad.

Fuente: Diario Uno

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