8 DE OCTUBRE

Día Nacional del Patrimonio Natural y Cultural Argentino

Buscando nuestras raíces.

SOCIEDAD

En 1990, el Poder Ejecutivo declaró el 8 de octubre Día Nacional del Patrimonio Natural y Cultural Argentino mediante Decreto N¦ 2033/1990 con el objetivo de fomentar en la sociedad la reflexión sobre el legado cultural y patrimonial que va dejándose en el territorio argentino generación tras generación. Con esto queremos poner en evidencia todas sus características tanto técnicas y comerciales como así también lo que perdura en la memoria colectiva del ciudadano. La Estación Villa Aberastain, una historia viviente que deberá ser restaurada y puesta en condiciones de uso. Sus funciones pueden ser polifacéticas en un lugar como este. Un centro de cultura, de historia, de recreación, exposición y motivador de cualidades. Nos podrá quedar acotado, pero lo importante es su mantenimiento para que nuestras futuras generaciones puedan vislumbrar nuestra historia.

Un merecido reconocimiento al Intendente de Pocito Prof. Néstor Fabián Aballay por haber puesto su interés y compromiso en conservar, recuperar, refuncionalizar la estación, y permitir a la Asociación, poder entrelazar los lazos de la defensa de nuestro Patrimonio, y al ciudadano Mauricio Barceló por su incansable amor al patrimonio, no solo de Pocito, sino de todo lo que conlleve en sí, una historia.

Intendente de Pocito Prof. Fabián Aballay.

Breve reseña del ferrocarril

«Corría el año 1885 y con él la llegaba del primer tren a la provincia de San Juan. Imaginar la expectativa y ansiedad que producía en los ciudadanos, el ruido estremecedor de la locomotora y que iba en aumento a medida que se acercaba a su destino, debe haber sido impresionante. Cuentan relatos y escritos de la época, que la gente se agolpaba en las distintas paradas antes de llegar a la Estación del Ferrocarril General San Martín, para ver la gran mole de hierro que, con su paso atropellador, tosco y estremecedora visualización del gigante, saludaba a su paso.

Pero recordemos que el ferrocarril llegó a la Argentina en 1857 y con él un modelo de nación que seguía los lineamientos de los países industrializados europeos. El progreso, la modernidad y la civilización daban el gran paso con la incorporación del ferrocarril que era sinónimo de velocidad desde todo punto de vista.

Entre 1870 y 1880 se realizaron los tendidos ferroviarios en el país, llegando a su máximo esplendor entre los años 1880-1910. Un abanico completo se trazó con centro a los puertos bonaerenses. La integración territorial y productiva produjo cambios importantísimos desde lo geográfico, político, social, económico, urbano y arquitectónico. Tal es así, que llegó a llamarse «La Urbanización de la Locomotora’.

Entre el siglo XIX y mediados del XX, Argentina fue el país que construyó el tendido ferroviario más extenso de América Latina.

Nuestra provincia no estaba ajena a lo que pasaba el resto del país. La estación de Ferrocarril de la Ciudad de San Juan se inauguró el 12 de abril de 1885, con un gran acto central con la presencia del presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, y lo acompañaban, Miguel Juárez Celman, Luis y Roque Sáenz Peña, Bernardo de Irigoyen, el Ing. Emilio Mitre, empresarios y hombres de negocios. El tren era el principal recurso para generar riqueza. La producción de la provincia empezaba a visualizar los beneficios de exportar.

En donde se realizaba una parada del tren aparecía consigo una construcción, que fue muy variada de acuerdo a los materiales que existían en la zona.

La Estación Villa Aberastain

El gran día llegó a Pocito cuando se toma la decisión de construir una Estación parada en Villa Aberastain, dado que como parador existía solo una plataforma de carga y descarga. Para ello se debía realizar una construcción resistente y que rápidamente se pudiera ejecutar. Era una necesidad que los pobladores de aquel momento empezaron a requerir. Es así que, en 1896 se inaugura una estación que contaba con una galería que miraba las vías del ferrocarril, un área de atención pública y dos oficinas. Dicha construcción fue una estructura resistente vigas y columnas de madera asentadas sobre una plataforma de madera. Las paredes externas era un machimbrado de tablas anchas horizontales y por dentro los tabiques divisorios y revestimientos era un machimbrado de tablas finas verticales. El techo se realizó con cielorraso machimbrado de las mismas características. Las aberturas como las ventanas también son de madera y como acabado el techo tenía una chapa ondulada. El piso flotante con cámara de aire hacía de aislante con el suelo.

Este tipo de construcción es casi inédita en lo que respecta a características propias de la época, que se aisla completamente con lo que pasaba en el resto de las estaciones del país. Fue «una construcción por completo de madera’.

Un párrafo del libro «Pocito Raíz y Destino» del Dr. Simón Peña Figueroa dice:
«La Estación Pocito era un permanente ajetreo de carga y descarga de bultos, cajones, bolsas, animales y pasajeros. Toda la vida pueblerina primera bullía alrededor del movimiento en la estación del tren. El almacén, la tienda, la comunicación, el deporte, la novedad, la escuela, el transporte, la familia comunitaria, el biógrafo, la recreación y la identidad en permanente gestación con los arcones, bártulos y chirimbolos, la mugre del trabajo que huele a fuerza y despejado cielo, el convenido intercambio, el dueño de la ofrenda y del esfuerzo propio, de trincheras estampadas y caminos entrecruzados, con ruegos y esperanzas de brazos iracundos y cansancios revolucionarios… A su conjuro, la madera y el alambre trazaron geometrías de cepas en viñas y parrales durante toda su rica existencia, y ricos fueron los sueños, campos, casas y familias alzadas sobre vías de uva y vino para vislumbrar y palpar el rotundo progreso… El telégrafo del ferrocarril pocitano fue el primer y único medio de comunicación a distancia durante muchas décadas, y cuando dejó de ser el único siguió siendo el mejor, fácil y barato’.

Pero intentemos recrear aquellos momentos, pensar en esa llegada de un inmigrante con una mano atrás y otra adelante aludiendo el mensaje que con la mano adelante llevaba la valija y con la mano atrás sostenía su cintura por el peso de la misma. Verse en un lugar desolado intentando comunicarse con un idioma, un lugar y costumbres desconocidas. O, despedidas de aquellas personas que buscaban la modernidad. El vecino que buscaba enviar a través de un telégrafo una información rápida o la oficina postal del correo que funcionó por mucho tiempo en ese lugar. La encomienda y la comercialización de los productos hizo de este lugar un polo de atracción, hasta para ir a ver parar o pasar el tren. Todo un movimiento importantísimo donde el polo de atracción era La Estación.

La permanencia de las estaciones sumado al valor histórico-arquitectónico y emocional, este último por parte de quienes residen cerca y recuerdan -mediante anécdotas o viviendas- una época de esplendor anhelada, hacen de estos objetos hitos de los que no podemos olvidar.

Arquitecto Jorge Cocinero Raed.

Fuente: Mgtr. Arq. Jorge Cocinero Raed.

Ciudado ilustre de la ciudad de San Juan.

Presidente de Accodepas
Asociación Civil para la Defensa y Conservación del Patrimonio Sanjuanino

Prof. FAUD-UNSJ

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