Patricia Bullrich la ganadora del segundo Debate
Ya sea porque se curó de la gripe o porque fue más espontánea que el domingo anterior, lo cierto es que Patricia Bullrich se impuso claramente en el segundo debate presidencial. Fue picante, incisiva y oportuna para golpear sobre la debilidad de sus principales adversarios. Al revés, ni a Javier Milei ni a Sergio Massa les fue tan fácil esta vez. A los dos se los observó más a la defensiva que hablando de un proyecto propio. Massa basculó entre ser y no ser parte del actual gobierno; su momento más increíble ocurrió cuando prometió bajar impuestos mientras forma parte de la administración que más impuestos creó o aumentó. Milei no fue el hombre desorbitado que atrajo a muchos jóvenes. Y cuando no es eso, su discurso se torna monótonamente académico. Juan Schiaretti sería mucho más interesante si pudiera salir por un instante de Córdoba, pero no puede. Y Myriam Bregman enseñó cómo se gasta mejor el dinero público y privado; esa es la congruente especialidad de su casa política.
Aprendió de todos sus errores del primer debate. Ganó en confianza, mucho más cómoda en el eje temático de la seguridad. Vestida de un rojo furioso que acompañó su retórica combativa, Patricia Bullrich emergió como la clara ganadora anoche y Sergio Massa, como el gran perdedor. Así como había salido casi indemne una semana atrás, cuando sus rivales parecieron perdonarle la vida, el ministro-candidato fue el “punching ball” de la noche: Insaurralde, “Chocolate”, la inflación desbocada, la pobreza, el gasto público. Todos los flancos débiles de Massa fueron expuestos. ¿Sus respuestas? Insustanciales y dubitativas. A Javier Milei se lo vio casi desdibujado, haciendo demasiados esfuerzos por controlarse y con varios traspiés, como cuando pareció reconocer la existencia de “chorros” en sus listas. Recitó como un profesor, con un tono casi aburrido. Juan Schiaretti estuvo sólido, categórico y claro. Buscó mostrarse por encima de las chicanas y los cruces agresivos. Myriam Bregman, sin demasiados cambios respecto al primer debate: suelta, cómoda en el escenario pero con escasos argumentos para sostener sus posturas constantes. En suma: un debate mucho más interesante y ágil, pero con el interrogante de siempre: ¿cambiará algo?
Fuente: La Nación