Se necesitan artesanos y arquitectos para la Paz

Los problemas que afectan a la humanidad son cada vez más graves. Pese a los avances científicos y tecnológicos, parece que no encontramos el rumbo para una convivencia en la cual todos seamos parte de una misma familia habitando en una casa común. Lo sintetiza Francisco en pocos renglones diciendo que “el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medio ambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario”.

Cada 1 de enero, al comenzar el año, celebramos la Jornada Mundial de Oración por la Paz, y el Papa nos propone un lema y brinda un mensaje a la humanidad. En esta oportunidad: “Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera”.

Nos plantea el Santo Padre considerar dos oficios en relación a la paz: “En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una ‘arquitectura’ de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un ‘artesanado’ de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente”.

Arquitectura y artesanado son dos dimensiones diversas y a la vez complementarias. La primera se ocupa de diseñar, programar, calcular pasos y etapas. La segunda va trabajando sobre la obra conforme van respondiendo los materiales, sea la madera, la arcilla, la piedra… Podríamos decir que decide sobre la marcha sin improvisar.

Algunas personas tienen capacidades para montar las arquitecturas en vistas a construir la paz en un delicado camino para tener en cuenta las ideas, las historias, las posibilidades en cada contexto. Otros, en cambio, son capaces de generar oportunidades por medio de gestos espontáneos que distienden relaciones y acercan corazones.

En su mensaje para el 2022 Francisco nos propone tres caminos para construir la paz: “En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana”.

La brecha digital y tecnológica divide las posibilidades de las generaciones jóvenes de las mayores. Sin embargo, “las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes”. Por eso podemos afirmar que “los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―”.

Para construir condiciones de paz es necesario que quienes toman decisiones en los gobiernos “prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos”. Mientras se gaste más dinero en armamentos que en educación la ecuación siempre estará a favor de la guerra y la violencia.

Pero con el dinero no alcanza. Por eso el Santo Padre nos confía: “Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado. Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes”.

Por eso concluye que “es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes». Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno”.

Una de las críticas (por cierto infundadas y maliciosas) que se le hacen a Francisco es ser populista y asistencialista. Prestemos atención a esta parte de su mensaje: “El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso”. 

No puede evitar dar cuenta de la situación compleja del mundo del trabajo, agravada por la pandemia. Algo que ya sabemos: “Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas”. A ello se suma que “actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida”.

Que busquemos siempre la Paz. ¡¡¡¡¡Feliz año nuevo!!!!!

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano)

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