Cuando el «Dolor y el Amor siguen Intactos»
El 2 de abril de 1982 se produce la Guerra de Malvinas, entre Argentina y Gran Bretaña. Participaron 23.428 soldados argentinos, duró 74 días, fallecieron 649 de nuestros soldados.
El Crucero ARA Gral Belgrano, llevaba 1.093 tripulantes. El 2 de mayo, fue atacado por el Submarino Nuclear «Conqueror», encontrándose el Crucero fuera del área de exclusión. A las 16.02 el primer torpedo Mark 8, impacta en la sala de máquinas, el segundo en la Proa. Media hora después, se hundía el Crucero.
Fallecieron 323 tripulantes. Rescataron 770 personas.
23 sanjuaninos fallecieron en la Guerra de Malvinas.
21 en el crucero
Ellos son:






Fuente: Ministerio de Gobierno Provincia de San Juan
Oscar Augusto Silva. Teniente. Jefe de Sección de tiradores pertenecía al Ejército.
Agustín Hugo Montaño. Cabo Principal. Técnico Mecánico especializado en aviones Pucará. Fuerza Aérea Argentina.

Fuimos a charlar con los familiares de los caídos en la Guerra de Malvinas, el común denominador que encontramos. El dolor y el amor siguen intactos.
Rosana Vergara, hermana de Alejandro Antonio Vergara.

Cuando se produce la Guerra de Malvinas, Rosana tenía 11 años, por más que era chica, recuerda que su hermano mayor, siempre estaba pendiente de toda su familia.
Sus padres partieron de la provincia de San Juan a Bahía Blanca, su madre estaba embarazada, ella venía en camino.
No tenían familiares en el lugar, los vecinos pasaron a ser la familia, quienes los contenían. Cada 2 de abril sigue siendo duro. Hace nueve años falleció su padre y el año pasado su madre, para Semana Santa.
Alejandro se fue a los 16 años a Buenos Aires, hizo una hermosa carrera, recuerda que era impecable con su ropa, zapatos, con todo, la adoraba.
Ese año de 1982, ella tomaba la comunión, mi madre estaba dolida, enojada, y no paraba de preguntarse ¿Por qué? con los años entendió que era su trabajo, su vocación, su deber.
Rosana manifestó uno nunca termina de entender lo injusto que es una guerra. La humedad, el frío, la marcó para siempre, porque imagina lo que debieron haber sentido, sufrido los soldados y los recuerdos que el clima trae a los que lograron regresar.
Es durísimo extrañar, y cuando pasan los años, se instala todavía más el dolor.
. . .
Anahí Moreno, hija de Waldo Eduardo Moreno.

Anahí, a los siete meses se quedó sin padre, hacía un año y medio que sus padres, Lucía Myriam García y Waldo, se habían casado, vivían en Puerto Belgrano, provincia de Buenos Aires.
La primaria fue bastante dura para Anahí, los compañeros eran crueles, porque cuando se hacían misas por los papás, ya que asistía a un colegio religioso nunca podía ir, ella estaba en boca de sus compañeros. Su abuelo materno fue la figura paterna que tuvo.
Cuando fue creciendo y ella le preguntaba a su madre ¿Por qué fue a Malvinas? su padre Myriam le contó que fue castigado. La hermana de su padre había enviado una carta a los superiores de Waldo, diciendo que se había olvidado de sus padres, la carta es extensa y triste, carta que tiene en su poder Anahí
Medio año antes, de la Guerra, el sabía que estaba destinado a estar en el Crucero. Para la Armada, los padres debían ser lo más importante.
Su padre se fue muy triste, con un dolor inmenso en su corazón. Había entrado a los 14 años a la Escuela de Mecánica de la Armada, se recibió de profesor de inglés y estaba a punto de obtener su título en francés, quería ser plurilingüe, realizaba su labor en comunicaciones.
La madre de Waldo Eduardo, hace unos quince años antes de morir, le pidió disculpas a su nuera Myriam y a Anahí, por la carta que escribió su hija. La hermana hasta la actualidad, nunca se disculpó y para Anahí, no tiene remordimiento alguno por lo que hizo.
Por culpa de su tía, Anahí se quedó sin padre, porque el no tenía que estar en el Crucero Belgrano y su madre sin su esposo. al que sigue amando hasta el día de hoy, jamás formó pareja con ninguna otra persona.
La casa de Anahí está llena de fotos de su padre, en todos los ambientes hay retratos de Waldo. El hijo de Anahí es físicamente igual a su padre, lo único que no tiene son los ojos verdes de Waldo.
Al pasar los años, uno se da cuenta que la gente se olvida de los hombres que murieron en la Guerra de Malvinas, quedan muy pocas mamás.
Un pueblo que no recuerda a sus seres, es un pueblo sin memoria. Anahí es docente y le da bronca, impotencia ver que el tema Malvinas no está adaptado bien a la currícula. Los alumnos solo saben de la fecha del 2 de abril, pero no la del 2 de mayo.
Por suerte, desde el año 2022, se promulgó una Ley en la provincia de San Juan, donde se debe conmemorar el Día del Crucero ARA Gral Belgrano.
A la esposa de Waldo, Lucía Myriam, le cuesta muchísimo hablar de su marido. Nunca tuvo otra pareja, hasta el día de hoy ama y recuerda a quien fuera su esposo. A medida que pasan los años, el recuerdo y la ausencia, se hacen más grande.
La madre de Anahí, se enteró en la calle que habían hundido al Crucero Belgrano, la gente solo hablaba que habían disparado contra el Crucero, fueron días y semanas de ir a la base, ver si aparecía en alguna lista, si llegaba herido.
Hace unos veinticinco años, Lucía, recibió una carta de un soldado, en ella le contaba que el lo vio a Waldo, fue uno de los últimos en abandonar el Crucero, ayudaba a bajar las balsas, pero cuando se produce el hundimiento, lo perdió de vista.
Nunca encontraron su cuerpo, es uno de los 323 tripulantes que descansan en el mar.
. . .
María García, hermana de Héctor Alejandro, Vargas García.
Tenía tan solo 5 años María, aquel día le llamó la atención que uno de sus hermanos junto a la novia, fueran a buscarla a la escuela, siempre lo hacía su madre.
Cuando llegaron a la casa, había mucha gente, su madre le contó que su hermano Héctor había fallecido. No entendía bien en ese momento, pero no olvida las lágrimas, el llanto de su madre, padre, de los hermanos y los vecinos que se acercaban a la vivienda.
A medida que fue creciendo y comprendiendo lo que había sucedido, acompañó siempre a su madre a cada acto, conmemoración, por los caídos en la Guerra de Malvinas.
Pasaron 40 años, y su madre Esther García, que actualmente tiene 79 años, nunca dejó de recordarlo. En la habitación, en el comedor, hay fotos y flores que cambia a diario.
María que ya no vive con su madre porque formó su familia, también tiene en su casa fotos y flores.
Nunca encontraron el cuerpo, Esther compró un nicho, colocó en el, fotos y pertenencias de Héctor. Para el 24 de enero día del cumpleaños, 2 de abril, 2 de mayo, 1 de noviembre, le llevan flores al cementerio.
Como docente María, inculca que los «Héroes de Malvinas» nunca se deben olvidar. En la escuela Cuyo, en La Bebida, departamento de Rivadavia, se le hizo un homenaje, colocando una placa, plantaron un árbol, son hechos que llegan al alma.
No sabe si su hermano sufrió, porque sobrevivientes le comentaron que Héctor, había terminado la guardia y fue a descansar, lo camarotes se encontraban en la parte de abajo del Crucero Belgrano, donde impactó el primer torpedo, las puertas debían cerrarse automáticamente.
Imagina la desesperación de su hermano de querer salir, y no poder o tal vez no fue así, solo está en su imaginación.
Sería muy lindo que a pesar de los años, la gente no se olvide de ellos. Van quedando muy pocas madres que llevan 40 años de dolor, al igual que todos los familiares, expresó María.
. . .
Alicia Salas, hermana de Jorge Luis Salas

Jorge, con 15 años de edad, había ingresado a la Armada Argentina. Alicia tenía 20 años, llegó a su trabajo y escuchaban la radio para informarse cómo iba la Guerra de Malvinas, quedó paralizada y comenzó a llorar, la noticia era «bombardearon al Crucero Belgrano», sabía que su hermano estaba allí.
Verla a su madre Josefina tan mal, era doloroso, esperaban los partes pero el nombre de Jorge como sobreviviente no aparecía, hasta que al cabo de unos días, le informaron a Josefina que suspendían la búsqueda, estaba desaparecido. Ella salió a buscarlo, donde habían soldados heridos, donde alguien le aportaba un dato, quería constatar con sus propios ojos, que no estaba en ningún lugar.
Nunca se quiso cambiar de casa, por si volvía, ahí la encontraría. Josefina hoy tiene 83 años y nunca dejó de llorarlo, pero la fecha del 2 de abril, del 2 de mayo, abre de nuevo las heridas. Es un dolor muy grande perder un hijo.
Josefina decidió no viajar a Malvinas, si lo hizo Alicia, donde encontró en ese contingente, Veteranos de Guerra, que lo habían conocido a su hermano. Fue un viaje muy emotivo relata.
Recuerda tantos momentos de chicos, Jorge era muy especial, alegre y adoraba a Josefina.
El colectivo pasaba por la puerta de la casa y antes de la Guerra, Josefina presentía y decía, ahi viene mi hijo, y aparecía Jorge.
El, había estado unos días antes con su familia y lloraba mucho, se despidió de todos, a su hermana le llamó la atención.
Jorge le había enviado una carta a su madre, pero llegó después, que habían hundido al Crucero Belgrano. Josefina no la abrió, hasta pasado mucho tiempo, en la carta le decía que el Crucero iba lleno de soldados, que la había llamado por teléfono a la vecina del barrio, pero nadie le respondió, por eso no pudo comunicarse.
Alicia considera que sería muy lindo profundizar la Guerra de Malvinas en las escuelas, que se reconozca a los soldados, los caídos y a los Veteranos de Guerra y que se hable del dolor que pasan todavía los familiares.
Josefina expresó, «Di mi hijo a la Patria». No se olviden de ellos.
. . .
Mirta Bustos, madre de Julio César Cuello.

Julio César Cuello, a los 14 años ya había ingresado a la Armada Argentina. Cuando empieza la Guerra de Malvinas tenía 17 años.
No tenía el Sexto Grado todavía, Mirta buscó un profesor para prepararlo para el examen que debía dar para entrar a la Armada Argentina.
Juntos a otros compañeros partió a Buenos Aires, rindió y aprobó, le dieron a elegir, tierra, aire o mar y eligió este último, el mar, el Crucero Belgrano.
Mirta recuerda que le enviaba unas cartas hermosas, Julio, estaba Feliz!
Se produce la Guerra de Malvinas, el hundimiento del Crucero Belgrano y le dicen a Mirta que su hijo estaba desaparecido, ella albergó la esperanza que apareciera con vida.
Tres meses después, la confirmación del fallecimiento, llegó de la mano del certificado de defunción. Ese día, fue el peor de todos, en la vida de Mirta.
En el departamento de Valle Fértil, donde vive, decidió donar un salón de su casa al municipio, para convertirlo en un museo, recordar a Julio y la Guerra de Malvinas, además hay una plazoleta, un monolito que recuerdan al «Héroe de Malvinas» Julio César Cuello.
Mirta tiene 80 años y una gran tristeza, solo pide que recuerden a su hijo y hace lo imposible para ello.
Le pasan mil pensamientos por su cabeza, pero sabe que el está, en el lugar que quería, el mar.
. . .
Ramón Alberto Lucero, hermano de José Estéban Lucero.

Ramón, se emociona al hablar de su hermano José, quien a los 15 años, había partido a la Armada Argentina.
Cuando se produce la Guerra, José, logra enviar una carta, donde les decía que estuvieran tranquilos, porque el regresaría, estaba convencido que así sería.
Ramón cuenta que José, era una persona maravillosa, que cada vez que venía con su uniforme de cadete, tan pulcro y lindo, lo llevaba a su sobrino, hijo de Ramón a dar vueltas en bicicleta, José y Ramón eran muy unidos.
Al enterarse Ramón del hundimiento del Belgrano, salen a buscarlo a Bahía Blanca, fueron a varios lugares pero no lo encontraban, hasta que en una radio leen un listado y ahí lo nombran a José, va desesperado Ramón a recibirlo y nunca bajó del colectivo, había un error en la lista. Al principio les dijeron que estaba vivo, pero luego no fue así.
Frente a la Difunta Correa, vivía Ramón, el desde la Difunta ve a su hermano entrar a la casa y va corriendo a su encuentro.
Ramón le pregunta a su esposa por José, ella le responde, aquí no ha venido nadie. Ramón imagina que su hermano vino a despedirse.
La familia de Ramón expresó, José no se ha ido, sigue estando entre nosotros.
. . .
Susana Ortíz, hija de Pablo Armando Ortíz.

Susana tenía ocho años, cuando su padre Pablo Armando Ortíz, fallece en el Crucero Belgrano.
Su madre le mantuvo en la memoria, el recuerdo de su padre, se quedaron a vivir en Punta Alta, porque después del casamiento se instalaron ahi, consideró que allí debían quedarse.
Susana fue creciendo y decide ingresar en la Armada Argentina, actualmente es Suboficial Principal de Comunicaciones. Quiere entender por qué su padre no estaba con ella, por qué amó tanto esta profesión.
Tiene dos jerarquías más que su padre, Pablo fallece como Suboficial Segundo, lo ascienden Post Mortem un grado más a Suboficial Primero.
Estos años fueron muy duros, con 35 años su madre y una hija de ocho, debió seguir adelante, Punta Alta es como la tumba de su esposo, el último lugar donde estuvo con ellas.
Susana se acuerda como si fuera ayer, ver dos oficiales en la puerta del departamento, su madre la tomó de la mano, imaginaba cual era la noticia. Fueron días de espera, de ir a la Base, y cada contingente que llegaba, era tener la esperanza que regresara.
A los 19 años, Susana ingresó a la Armada Argentina, lleva 31 años de carrera. En el 2007 les hacen una encuesta a las mujeres si deseaban embarcar, ella respondió que si, ya que hasta ese momento las mujeres no tenía permitido embarcar, hacían trabajo de oficina. Formó parte de la primera dotación de mujeres a bordo en el buque Sol Argentina.
Su madre no quiso ir a las Islas Malvinas, se resiste a entregar un pasaporte para que le coloquen un sello inglés.
Susana realizó homenajes a su padre junto a otros familiares en distintos barcos.
Antes de la pandemia de COVID-19, estuvo en la provincia de San Juan, colocaron el nombre de su padre a una calle, en un barrio del departamento de Santa Lucía.
Susana nos cuenta que el corazón con los años se vuelve más frágil, la memoria está presente y te hace más fuerte. Tiene una carta que su padre les envió desde Ushuaia, con palabras hermosas para ellas.
Cuando pasan a ser Suboficiales les entregan una espada, en ese año 1982 le correspondía a su padre. Ella ingresó a la Armada, para poder obtener la espada, que su padre no pudo recibir.
. . . .
Virginia Avellaneda, esposa de Hugo Ángel León Llanos

El marido de Virginia, formaba parte de la dotación del Crucero ARA Gral Belgrano, cuenta que conoció a Hugo en el barrio donde ella vivía, el había comprado una casa para la madre, que daba al fondo de su casa.
Hugo ya estaba en la Armada, el noviazgo duró cuatro años y el 11 de septiembre de 1976 se casaron y se fueron a vivir a la Base espora y hacía tan solo un año que le habían dado el pase al Crucero Belgrano.
A Hugo no le gustaban las despedidas, Virginia lo vio caminar hacia su lugar de trabajo por la vereda y esa imagen de la última vez, se repite en su mente una mil veces.
Cuando se conoce la noticia que habían hundido al Crucero Belgrano, ella fue muchas veces a la Base a preguntar, si estaba en las listas, si venía herido. Una semana después, un oficial de la Armada le comunicó que suspendían la búsqueda, fue el peor momento de su vida, sintió un dolor inmenso, que todo terminaba para ella.
Algunos compañeros de Hugo, le comentaron que había terminado la guardia y bajó a descansar, en esa zona impactó el primer torpedo.
No quiere pensar qué le pasó, cómo murió, porque le hace muy mal. Fue junto a otros familiares en el rompehielos ARA Almirante Irízar a realizarle un homenaje en el mar. Le duele no tener un lugar para poder ir a verlo, a llevarle una flor. Imagina, desea, que si hay otra vida, cuando ella deje este mundo, tal vez, pueda reencontrarse con el.
. . .
Gabriela Romero, hermana de Teodoro Romero.

Gabriela tenía cinco años cuando falleció su hermano, era mecánico de la Armada. Ella recuerda que era muy pegada a Teodoro, mimada y mañosa.
Teodoro siempre llegaba para las fiestas, aunque no tuviera dinero, hacía lo imposible para rebuscárselas y estar con la familia.
Ahora que Gabriela es madre, se da cuenta de la fortaleza que tuvieron sus padres al perder a su hijo varón.
Hace diecinueve años falleció su padre Benito Teodoro y en octubre de este año, se cumplieron dos años de la pérdida de su madre, Ignacia Lucila Morales.
Teodoro había expresado, que si un día le pasaba algo, tenía algún inconveniente físico como perder una pierna, un brazo, lo que fuere, jamás volvería para ser una carga en la familia.
Cuando se produce el hundimiento del Crucero Belgrano, primero les dijeron a sus padres que el si estaba en una lista, que venía, pero nunca llegó.
Benito e Ignacia, lo buscaron por todos lados, donde les decían que podría haber un soldado herido, allí se dirigían, la desesperación era tremenda.
Ignacia siempre lo esperó, nunca perdió la esperanza que regresara, no quería que modificaran el frente de la casa, para que su hijo pudiera reconocerla.
Pasaron los años y el dolor se hacía más profundo. Gabriela espera y desea que las Malvinas se puedan recuperar, para que no haya sido en vano la muerte de su hermano Teodoro y de todos los caídos en Malvinas.
. . .
Rosa Hilda Carrizo de Yacante, madre de Jorge Antonio Yacante.

Rosa cuenta que su hijo Jorge, hacía la carrera en la Armada Argentina, era radiotelegrafista.
Ingresó a los 19 años, quería estudiar y no trabajar en la finca, labrando la tierra como lo hacía su padre.
Tiempo después del hundimiento del Crucero Belgrano, se enteró por compañeros de Jorge, que su hijo había terminado la guardia y estaba descansando, y en ese sector, impactó el primer torpedo, por eso no se salvó. Aunque el Crucero Belgrano, estaba fuera del área de exclusión recuerda Rosa.
Ella tiene dos hijos varones más y una mujer. Conserva la ropa, las fotos y todas las pertenencias de Jorge. Con lágrimas y su voz entrecortada relata que todos los días lo hecha de menos, que se va a hacer, son cosas de Dios.
. . .
Orfelia María Ahumada, madre de Julio César Ahumada. Tía de Dardo Ahumada.
Myriam hermana y Malvina, sobrina de Julio César Ahumada.

Orfelia tiene 89 años, el 14 de abril de 2024 cumplirá sus 90 años de edad. Es la madre de Julio César y tía de Dardo. Los primos decidieron hacer carrera en la Armada Argentina. Ingresaron , Julio a los 16 años y Dardo a los 17 años, en el momento de la Guerra de Malvinas tenían 18 y 19 años respectivamente.
Orfelia al enterarse que el Crucero Belgrano había sido hundido, al principio pensó que era difícil que hubieran sobrevivido, pero guardaba un mínimo de esperanza.
Myriam, la hermana de Julio César siempre iba a despedirlos a la terminal. Orfelia les lavaba la ropa y Myriam se las planchaba. Su hermana le había hecho una pulsera y le había regalado unos anteojos, y el pidió llevarse un anillo que tanto le gustaba.
Julio y Dardo, llevaban un año en el Crucero Belgrano, la última vez que los vió, ella sintió que era una despedida, un mal presentimiento la embargó.
Myriam cuenta que los llevaron engañados, porque les dijeron que el Crucero llevaba alimentos y armamento, para los soldados que estaban en las islas.
Siente que fue una guerra inútil, porque estamos igual o peor que como estábamos antes. Hicieron una masacre, tenían que ir a la guerra sino, no se recuperaban más según decían las Islas Malvinas.
Malvina, es sobrina de Julio César, nació un 2 de abril de 1986. A acompañado a su abuela en cada acto, desde que estaba en la panza de su madre y fue precisamente en un acto del 2 de abril, que se le ocurrió nacer.
Tuvo el placer de viajar a las Islas Malvinas con familiares de los caídos, madres, esposas, hermanas, siendo la única sobrina en ese contingente.
Desde el Aeropuerto, los llevaron directo al cementerio de Darwin, fue emocionante y shockeante a la vez. Su madre y su abuela por problemas de salud, no pudieron viajar.
Malvina habla con mucho orgullo de haber sido portadora de la bandera de los Familiares y Caídos en Malvinas (FACAMA). También piensa al igual que su madre que la guerra no tuvo sentido.
Orfelia tiene fotos, ropa guardada de recuerdo de su hijo Julio César. Orfelia se emociona, era su único hijo varón y dos mujeres. No puede continuar hablando, las lágrimas y un gran dolor no se lo permiten.
. . .
Mabel López, hermana de Juan Carlos González.
Mabel hacía un año que no veía a su hermano Juan Carlos. Ella tenía 27 años. Ese viaje sería el último para Juan Carlos, se jubilaría.
Cuando el Crucero Belgrano se hundió, la partió en dos, porque su padre había fallecido y su hermano, era todo para ella.
¿Cómo le decían a su madre Avelina Isabel, que su hijo había fallecido? Decidió junto a su hermana, hablar con un cura y preguntarle si mentirle a su madre estaba bien, se encontraba muy delicada de salud y querían tenerla un tiempo más en la familia, sabían que semejante noticia, adelantaría el momento irreversible.
Eran tres hermanas y Juan Carlos, el único varón. Su madre nunca quiso que el se fuera a la Armada Argentina.
La esposa de Juan Carlos, se plegó a la mentira, escribía cartas que llegaban a San Juan y se las leía Mabel a su madre en ellas contaban que Juan Carlos estaba bien, en otro destino.
Se encargaron de charlar con los vecinos, familiares, que no debían decirle la verdad.
La madre de Juan Carlos veía la tele, escuchaba que habían hundido al Crucero, pero la convencieron que su hijo no estaba ahí, seguía navegando en otro destino.
Llegan estas fechas, el 2 de abril , 2 de mayo y la matan a Mabel. Nunca imaginó, que su hermano terminaría de esta manera.
Fue difícil leer las cartas y verla contenta a Avelina Isabel. Mientras la esposa de Juan Carlos escribía cartas alentadoras, ella estaba destruida, por perder a su marido, buscarlo y mantener la esperanza que lo encontraran, quedándose sola, con cuatro pequeños niños.
Avelina falleció debido a su enfermedad, sin saber que su hijo estaba desaparecido en el Crucero Belgrano.
. . .
Marcela Balmaceda, hermana de Argentino Antonio Balmaceda.

Marcela tenía 12 años, recuerda que Argentino les comentaba que era inminente la Guerra. Sus padres tenían mucho miedo que sucediera.
No tenían televisor, ella había ido hasta una vecina a ver la tele, allí escuchó que habían hundido al Crucero Belgrano y corrió a su casa a contarle a sus padres, la madre comenzó a llorar.
Marcela recuerda que su hermano se fue a despedir de ella, tenía cerrado los ojos pero todavía no estaba profundamente dormida, el la besó en la frente y le dijo a sus padres que la cuidaran mucho, lo sintió como una despedida.
Argentino había comentado que el Crucero Belgrano no estaba preparado para ir a una guerra.
El día del hundimiento, el había terminado la guardia y bajó a descansar. Nunca encontraron el cuerpo.
Marcela es docente y le costó hablar del 2 de abril y de lo que ella vivió. Decidió cuando pasaron los años relatarlo como un cuento, y poder seguir comentando lo que sucedió con su hermano. Argentino tenía cuatro hijos.
Después del 2010, no fueron más a los actos de Malvinas. Su madre falleció con esa tristeza enorme de perder a un hijo. Marcela se siente culpable, por haberle llevado la noticia, porque a partir de ese momento, su madre nunca paró de llorar.
. . .
También fallecieron en las Islas Malvinas:
Oscar Augusto Silva
Jefe Sección Tiradores del Ejército Argentino.
. . .
Agustín Hugo Montaño
Técnico Mecánico Especialista en aviones Pucará.
. . .
Miguel Montaño, hermano de Agustín Hugo Montaño
Miguel es hermano de Agustín Hugo, además de ser Historiador, profesor, estuvo años junto a su madre y familia, intentando encontrar respuestas ¿Qué pasó con Hugo?
El año 1982, marcó la vida de todos los argentinos y de la familia Montaño.
Su hermano Hugo, ingresó en 1977 a la Fuerza Aérea Argentina, era Técnico Especialista en Aviones Pucará.
Los ingleses atacan Puerto Argentino, luego la parte Oeste de la Isla Soledad donde estaban los aviones Pucará.
Hugo se encontraba en ese momento con un generador dando energía a uno de los aviones y el Piloto sentado en el avión, un Sea Harrier se posiciona metros arriba del Pucará y lanza bombas racimo, el avión argentino provoca una gran explosión, ya que también estaba cargado con bombas.
Encontrándose Miguel en su casa paterna junto a su madre, llegan dos oficiales preguntan por la madre de Hugo y le dicen: Sra le venimos a decir, que su hijo a dado la vida por la Patria. La Fuerza Aérea Argentina, lo declara como «Héroe».
Comienzan a llorar, la madre se desvanece ante semejante noticia, le comunican a los familiares, vecinos y preparan la casa para el velatorio, pasaron horas, días, meses, años y nunca sucedió.
Los cuerpos de los soldados, se los tapaba con lo que se tenía a mano, una vez finalizada la Guerra se trasladan todos al cementerio de Darwin.
Recién en 1992, la madre viaja a las Islas Malvinas y pudo encontrar la cruz, con el nombre de su hijo Agustín Hugo Montaño.
Además con temor, tomó tierra del cementerio y pudo traer por primera vez, tierra de las Islas Malvinas a la provincia de San Juan. En el año 1998 vuelve a visitar la tumba de su hijo.
Miguel Montaño, logra viajar en el año 2017, nos comenta que lloró desde diciembre que se enteró que podría hacerlo, hasta mayo, que pudo despedirse de su hermano Agustín Hugo Montaño.
. . .
Nuestro diario digital www.conlagente.com.ar agradece a los familiares de los caídos en el Crucero Belgrano y en las Islas Malvinas su tiempo.
Escucharlos con ese dolor inmenso, con ese amor por el familiar caído como si hubiera sucedido ayer, es tremendo.
Malvinizar, es hablar de nuestras Islas Malvinas, con los Veteranos de Guerra que pudieron volver, con los familiares de los caídos. Con los estudiantes de diferentes niveles, con la sociedad, para que entiendan, que hubo Héroes, que defendieron con amor y patriotismo nuestro suelo. No muere quien no se olvida. Cuando el Dolor y el Amor Siguen Intactos.
Periodista: Elena Balmaceda
Edición: Jorge Floridia
Fotos: Ministerio de Gobierno – Familiares de Caídos en Malvinas.
